Me sentí pequeña, a pesar de ser muy alta (algo personal)

«Mis papás están como pavo reales», dijo la escritora que presentaba su libro, luego de ser elogiada por su maestro de universidad en el panel, por el de ba bachillerato y finalmente por su maestra de tercero de primaria. Entonces me sentí pequeña, a pesar de ser muy alta. Y no porque sienta que no pueda llegar a crecer como ella, sino porque me di cuenta de la ruptura que tengo con mi pasado.  Con mi padre. Con mi pueblo. Con los que no me recuerdan como Alejandra Inclán. Porque muchos ya no me reconocen. Ni en la universidad, donde como estudiante llegué a un reconocimiento internacional de fotografía

No es la vanidad lastimada lo que me entristeció, sino la nostalgia que me invadió, la reflexión de lo que tuve y perdí por dar un paso del que no me arrepiento, pues me hizo feliz, mas mucho fue lo que perdí.

¿Alguna vez volverá a estar orgulloso mi padre de mí? No lo sé. Ni me gusta pensar en ello. Me exilié de tanto hace muchos años, que olvidé el dolor que experimenté. Creí hacerme fuerte con los años y no fue así.

Fragil me sentí entre el público. Mis ojos querian soltar lagrimas. No era el lugar ni el momento, así como no lo es ahora que viajo a casa en mi folclórico transporte público.

¿Qué es lo que causó ese alejamiento, te preguntarás? Quisiera hablar de ello, y no puedo. Hoy no. A veces cambias, dejas de ser la persona de ayer, aunque nunca dejas de ser la de siempre, la que llevas contigo a cada instante y que aunque intentes ocultar consciente o inconscientemente, te definirá.  Tu autenticidad dependerá de tu propia aceptación. Pero aceptarte tú no quiere decir que los demás te vayan a aceptar. Y hacemos como que no duele, vivimos tratando de olvidar… hay sentimientos que se amordazan y que tarde o temprano vuelven a gritar.

No duele ser exiliada de un pueblo, como el que te exilien del corazón, que no estén en tus momentos de celebración, cuando te gustaría ver un padre orgulloso, personas de otro tiempo que predijeron tantas cosas buenas de ti, las cuales se eclipsaron cuando decidiste vivir con la congruencia de tu naturaleza interior.

Soy alta y me siento pequeña, muy pequeña.

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