Un vestido para él (prosa poética)

Por: Alejandra Inclán

 

Un vestido para él, para cruzar los pasillos con altives, destacar mis formas, llamar su atención y los pliegues de la tela capturen su mirada.

Un vestido para él, hoy que me llamó y me dijo: <<Vamos a vernos>>. Y yo, que hace tiempo lo perdoné, no supe decirle no.

Un vestido para él, por el idilio que no inició, por el beso robado mientras esperábamos el cambio de luces en el crucero, por su mano en mi rodilla y por esa noche que con tristeza terminó.

Un vestido para él, a quién por años no me he visto, pero tampoco olvido a pesar de lo fugaz que hemos convivido.

Un vestido para él, para sus ojos, su imaginación, quizás su tacto, quizás todo…

Un vestido para él, vestido que busqué una hora antes de la cita, el que elegí entre tres opciones, tres colores y una pretensión. Probadores, tallas, espejos, visiones, piel activa, piel que vibra con la tela, piel que pide caricias, piel que quiere ser vista y admirada, cuerpo con vestido que desea ser desnudado. Me veo y sé que ese vestido negro, con ajuste abajo del busto, con mangas largas, bordados nude y caída amplia a las rodillas, es el que me hace imaginarlo él haciéndolo caer, allá en la habitación de su hotel, donde pasará la noche, donde deseo amanecer…

Un vestido para él, que me espera en el restaurant aquel, donde lejano contempla el menú y ve la hora sin impaciencia.

Un vestido para él, un vestido que apenas toca en un abrazo cariñoso de su parte. No hay temblor en sus labios, no se quiebra nuestra voz, somos toda formalidad. Ya nada es igual…

Un vestido para él, el cual apenas percibe, del que nada dice; una conversación donde nos ponemos al día luego de cinco años… y ahí nace algo, nace, no renace. No hay nada que tenga que renacer.

Un vestido para él, que en la cena dejó de serlo, pues vi la realidad. No, no hubo tristezas, ni una nostalgia, ni un reclamo, ni una mirada de complicidad. El Eros hace tiempo acabó, me di cuenta cuando su mano no busco la mía y cuando la mía tampoco lo deseó. No extrañé el vacío entre su boca y la mía. Mi piel no se erizó en ningún contacto. La Filia nos llegó. Una amistad que pulir, como la piedra ámbar que me regaló.

Un vestido para él, que no era para él… tuve que tenerlo cerca, mirarlo, intercambiar palabras, conocer de su vida, de su relación, platicarle de los proyectos de la escritora y despedirnos en un abrazo fraterno; todo ello para darme cuenta que el vestido es para mí, para descubrirme nuevamente mujer, no por medio del sexo, sino a través del amor, del amor a mí, del abandono de mi neutralidad humana para tocar mi erotismo y feminidad olvidada.

No, el vestido no era para él, sin embargo, su invitación me llevó a adquirirlo, a buscar en aparadores, y sin imaginarlo, en mis interiores.

Llegar a casa, mirarme en el espejo, dejarlo caer y tenerme a mí, la mujer que dormía.

Un vestido para mí…

 

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