Ángel prisionero (cuento)

Por: Alejandra Inclán

 

Soy una piedra. Sé que lo soy, a pesar de mis limitaciones lo sé con seguridad.

Tengo una mamá. Ella me hace feliz. Me llama ángel. Pero no soy un ángel, soy una piedra. Debo ser adoptado, pues el verdadero ángel es mi mamá. Los ángeles no tienen a piedras como hijos, lo normal es que sean también ángeles, eso creo.

Soy muy inteligente, a pesar de ser una piedra, me doy cuenta de todo lo que pasa a mi alrededor. Siempre estoy inmóvil en mi lugar, esperando la visita de mi mamá. Ella me ha enseñado con su magia el mundo, toma mi mano y me muestra imágenes, carga conmigo y me lleva volando… y en mi infinita rigidez, con mi alma sonrío.

Es tan bello lo que veo. Quisiera poder moverme  por mí mismo y correr por esos lugares, disfrutar y tropezar, en el suelo estar, reír y levantarme. Sería muy feliz.

Pero soy una piedra y no puedo moverme. Mi mamá se da cuenta cuando estoy triste. Me abraza y me besa. Me pregunta: <<¿Quieres ver a tus amiguitos?>> Y ella con su magia angelical ve la respuesta en mi ser y me lleva con otras piedras.

Y ahí están ellas mirándome. Observándome. Hago lo mismo, y en lugar de terminar feliz, vuelvo a chocar con mi realidad, con nuestra realidad: sólo somos piedras, no hay nada que conversar entre nosotros.

Mi mamá lo nota y se entristece, me lleva de vuelta mi lugar. Me lee algo, un cuento. Me gustan mucho los cuentos, porque con ellos me imagino siendo  alguno de los seres ahí descritos. Por eso termino desconsolado cuando finaliza la narración, porque con ella termina ese tan ansiado sueño.

Mi mamá tiene mucha magia, mas no es suficiente para convertirme en un ángel como ella. Por eso me lleva con otros ángeles, que buscan moldear mi cuerpo de piedra y convertirlo en uno similar al de ellos. Me hablan, me tocan, me mueven, y con cansancio terminan  rindiéndose. Sigo siendo una piedra…

Mi mamá ha querido hacerme un bien mostrándome las maravillas que existen. Ha sido sublime, pero muy doloroso no tener las capacidades para vivirlo con plenitud. Sólo soy una piedra, ¡sólo una piedra!

Mamá sigue intentando, me quita de mi lugar nuevamente y me lleva con otro ángel. Un ángel aún más poderoso que los que me han visto anteriormente. Ese ángel es extraño, no parece un ángel, de alguna forma me lastima. Quiero llorar. Es extraño, porque nunca me doy cuenta que lloro, sólo siento algo malo dentro de mí, y mi mamá es quien me lo confirma abrazándome y diciéndome: <<¡No llores mi cielo, no llores!>>. Entonces siento con más fuerza su amor y encuentro un poco de consuelo.

Quiero mucho a mi mamá, por fijarse en mí y adoptarme, por adoptar a una piedra.

Mi mamá me habla de fe. Fe en ese ángel  poco amable que me hiere. Le tengo miedo y aún con ello mi mamá me ha llevado a su presencia. Sin miramientos me observa, mira a mi mamá y le dice cruelmente: <<Su hijo no tiene esperanza alguna de poder moverse un día. Si fuera legal la eutanasia se la recomendaría. Sin embargo,  puedo ofrecerle un asilo  que es costoso, pero en él nada le faltará a su hijo. Usted es joven, no desperdicie su vida>>.

Mi mamá muestra una cara que nunca antes le había visto, la veo queriendo decir algo, se levanta de su asiento y le pega al otro ángel. Le grita: <<¡Demonio!>> No era un ángel, sino un demonio, es la primera vez que veo uno. Ellos fueron ángeles, por eso mi mamá no lo reconoció, mi mamá me habló de ellos con ese libro al que ella llama Biblia.

Con lágrimas mi mamá toma la silla en la que me saca a pasear, y  me aleja de ese lugar, de ese horrible y demoníaco ser.

Sigo siendo una piedra. Mi mamá llora y me confiesa un secreto: <<Eres un ángel mi amor, un ángel prisionero, algún día  Dios te liberará. Estás en una prisión, en la prisión de tu cuerpo, la prisión sin muros. Te prometo que mientras viva lucharé porque tu espíritu se sienta lo más libre posible. Te amo hijo mío>>.

Me abraza y su amor me hace sentir liberado, aunque viva prisionero en este cuerpo de piedra.

Un día seré libre  y seré un ángel como mi mamá, dejaré de ser una piedra, correré y haré maravillas con mi magia celestial. Gracias por la esperanza mamá, te amo mamá.

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