Escribo (cuento)

Por: Alejandra Inclán

 

–En esta pequeña pausa de soledad restauradora, los ojos se abren y el corazón escucha. Mi viento es minúsculo pero tus velas son mayúsculas… ¡Escribe! –dijo él a aquella, a la que le arrebató un beso, para luego marcharse y no regresar, hasta que su última carta le hizo recapacitar.

–Escribo. Nunca he dejado de escribir una página. Algunas hablan de ti, otras de mí y otro tanto de los reflejos de la realidad que habita en mí. Te confieso que en mis escritos de amor siempre estas escondido, entre líneas, entre palabras… –dijo ella sin verle a los ojos, mientras escribía y en voz alta le recitaba lo escrito.

–¡No sé qué hacer con esto que es mucho! –dijo ante el inminente amor que sabía perdido y por el que estaba dispuesto  a suplicar, a pesar de que sus noches las pasaba al lado de otra.

–No hagas nada… al fin y al cabo, no somos nada…–respondió ella resignada, pero con dignidad y firmeza. Lo real era nada para ella. Del amor que sintió sólo tenía sus relatos, sus historias y cuentos, eso era lo único que contaba y escribiendo supo que la nada sólo desaparecería cuando él estuviera lejos,  y ella quedara con el corazón destrozado, para remendarlo con las letras que de la herida iban a emanar.

–¡Escribo! –dijo ella–. Y espero que cuando haya terminado tú ya te hayas desaparecido.

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