¡Buenos días! (Cuento)

Por: Alejandra Inclán Cazarín

 

10:00 am, ya estoy en la parada del autobús. Se me ha hecho tarde como siempre. Lo bueno es que tengo 15 minutos de tolerancia. ¿Excesivo? En mi caso apenas y me alcanza.

No llevo ni un minuto ahí. Aparece mi transporte colectivo. El semáforo está en rojo. Ya se han detenido tres vehículos previamente a mi camión. Camino. Otras personas prefieren esperar a que llegue exactamente a la esquina. La pereza llega a tal grado que las personas hacen todo por evitar dar unos cuantos pasos, aunque ello signifique causar más tráfico. Al no caminar a tomar el autobús  lo que provocan que vuelva a hacer parada y haga esperar a toda la cola de vehículos que van de tras de él. La gente no piensa más que en su comodidad. Está mal que hable de pereza porque me regodeo en ella para levantarme tarde, pero con ello sólo me afecto a mí. No hay duda, nos hace falta mucha educación.

Subo al camión. Sonrío,  estiro mi mano con el dinero del pasaje y le digo al chofer: <<¡Buenos días!>> El voltea a ver mi rostro y también me sonríe: <<Usted es la primera persona que me da los buenos días, y la única en semanas>>. Vuelvo a sonreír, <<¿Si? Gracias>>, le digo y busco un lugar.

Es increíble lo que acabo de escuchar. Desde que viajo en autobús siempre he visto que no existe esa cortesía ni amabilidad para con el chofer, sólo le damos el dinero y lo ignoramos. Por imitación hacia lo mismo, hasta que analicé que lo mínimo que merece cualquier persona, por muy breve que sea nuestra interacción con ella, es un saludo de buenos días o de buenas tardes. El resultado que recibí en ese momento fue maravilloso. El semblante oscuro y serio del señor se iluminó con una sonrisa, me sentía bien de haber contribuido a ello.

Pero no duró mucho. Un coche se nos atravesó y ágilmente el chofer frenó para no pegarle. Coincidió en ese momento que otro pasajero se paró gritando <<¡Bajan aquí!>> Casi se cae. El chofer abrió la puerta y el pasajero enojado gritó: <<¡Qué bonito manejas cabrón!>>. <<¡Toque el timbre una cuadra antes!>>, dijo el chofer.

Sé que una gran cantidad de conductores son descuidados y su forma de manejar no es la mejor. Sin embargo, sí el chofer no frena de esa manera, habría golpeado al coche que se nos atravesó. Eso ocasionaría daños, tener que bajarnos y esperar el siguiente autobús. Además el pasajero se levantó exactamente en donde bajaba, no anticipó una cuadra antes su descenso tocando el timbre. Aunque no se hubiera atravesado un coche, para bajarlo en esa esquina deseada, se tenía que dar una frenada en extremo brusca.

Me sentí mal. El conductor había recibido una carga de energía positiva y a los dos minutos una negativa, esta última injustamente.

Siguió el trayecto. Doblamos hacia una calle que siempre se llena de autobuses de diversas líneas. El chofer, sabía que si se iba en la misma línea que los otros autobuses, iríamos en extremo lento. Al ver que nadie anticipó su bajada en el inició de la calle, tomó la fila del lado izquierdo. Apenas y se acomodaba  y una señora se paró diciendo <<Aquí bajan>>, dirigiéndose a la puerta delantera. No era posible. Otra vez la imprudencia de un pasajero. Se veía que esa señora tiene años de viajar en camión y aún así no ha aprendido lo que es ser un pasajero educado. De seguro también es de esas señoras que están horas en la parada esperando el autobús, y sacan el dinero cuando están arriba de él, tardándose horas buscando en su bolsa algo que pudieron hacer previamente. Y así hacen muchas tardándose, poniéndose vulnerables en caso de que arranque  el autobús –pues tienen ambas manos ocupadas y no se están sujetando de alguno de los tubos–. A parte también generan en otras situaciones una cola innecesaria de gente que quiere subir.

El chofer le abrió la puerta. El semáforo estaba en rojo. Le advirtió a la señora que tuviera cuidado. La señora bajó y dijo: <<¡Viejo estúpido!>>. El chofer no contestó.

La luz del semáforo cambió a verde. Avanzamos. Me acercaba a mi parada. Me levanté una cuadra antes, busqué la puerta trasera, que es por donde uno debe de bajar y toqué el timbre. El chofer supo que un pasajero bajaba y disminuyó su velocidad. Se detuvo en la esquina. Abrió la puerta y alcancé a oír: <<¡Usted si es educada señorita, gracias!

Me sentí bien de escuchar eso. A pesar del par de percances, el señor se fijó en mis acciones y lo agradeció. No cambié el mundo, pero sí un instante con un simple <<Buenos días!>>.

Me apresuré a llegar al trabajo. Aun cuando era ya muy tarde iba con la sonrisa en los labios. Entré a la empresa y llegué corriendo al reloj checador. 10:08 am. Lo logré. Entré “temprano”.

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