Transparente y gris (prosa poética)

Por: Alejandra Inclán

 

Mis espacios estaban cerrados. Bloqueados. Inaccesibles. Y por lo tanto vacíos. No tenía nada. Verme a mí era ver a través mío. Como si fuera transparente y sin color.

Caminar las calles me  dolía. Todos me atravesaban. Era un fantasma, que aún tenía su cordón de plata atado al vacío de un corazón, que vagaba por el mundo sin un camino determinado.

Extrañamente triste. Sobre todo porque no sentía esa tristeza. No sentía nada. Y eso es peor que cualquier sufrimiento.

Mis pasos errantes me limitaban. Aún a veces me siento limitada, pues hay espacios cercanos y lejanos que todavía no puedo tocar.

Y apareciste. Con tu manita empezaste a colorearme. A quitarme lo transparente. A devolverme la presencia que solo tú fuiste capaz de percibir. Mi corazón cerrado se abrió y mis espacios se llenaron. Volví a respirar. Recordé que me debía querer y que necesitaba vivir por mí. Y ahora también por ti. Volví a la humanidad. El fantasma transparente y gris, quedó atrás…

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. lavie13 dice:

    Muy bueno. Creo que las personas que más nos quieren o, al menos, las que mejor lo hacen, son aquellas que nos ayudan a querernos a nosotros mismos 🙂

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    1. Tú lo has dicho. Aunque no sólo son las que más nos quieren, sino las que más se esfuerzan por entendernos, escucharnos y aceptarnos. Hay personas que aunque te quieran no saben apoyarte para ser tú.

      Le gusta a 1 persona

      1. lavie13 dice:

        ¡Exacto! 😉

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