Te perdí… te robaron de mí (cuento)

Por: Alejandra Inclán

 

Te perdí. Me di cuenta de la manera menos pensada, cuando más te necesitaba. El mundo me zarandeó y mi corazón se apretó. ¿Cómo es que despareciste de mí?

Mi estado de ánimo era otro minutos antes, cuando estaba ignorante de tu ausencia. Había decidido hacer a un lado mis problemas y tratar de darme algo para sentirme bien ante mis últimas tristezas.

Salí del trabajo decidida a ir por él. Debía estar ahí, donde le vi la última vez. Tuve que desviar el camino a casa. Tomar otra ruta de autobús diferente para encontrarlo. Me olvidé de ti todo el camino. Siempre has estado conmigo, así que no temía ese revés del destino, en que Dios dispondría algo diferente a mi objetivo, privándome de ti que eres mi sustento.

Sé que en días pasados abusé de ti. No me es fácil controlarme, aunque sabes que en cierto grado si tengo medida, que no soy de las peores. Aunque claro, eso no justifica mi comportamiento. Debo cuidar muchas cosas, debí cuidarte a ti y ponerte más atención. Pero me distraje con las posibilidades que me daría él. Mi cabecita loca y mis emociones sólo estaban en él.

Así viaje todo el camino. Bajé del autobús y corrí al centro comercial donde le vería. Llegué muy apresurada. Sudaba. Entré y lo busqué. Empecé a preocuparme. No lo veía. ¿Cómo era posible? Hasta que le vi al voltear la cara. Estaba dándome la espalda. O, mejor dicho, yo le daba la espalda. Parecía sonreírme y sin preámbulos le tomé entre mis manos. El romance previo me iba elevando, entonces le conduje al lugar donde podría hacerlo completamente mío.

La cajera me devolvió a la realidad cuando pasó el libro que tanto quería por el escáner de código de barras, al tiempo que me decía: <<Efectivo o tarjeta>>. <<Tarjeta>> dije, y revisé en el fondo de la bolsa donde deberías estar. Y no, te fuiste. Bueno, no te desapareciste, ni te perdí, te robaron. Me quedé sin ti cartera mía. Mi poco dinero, mis tarjetas saturadas y mis identificaciones se fueron contigo. Pedazos de mi vida material, que sólo me dejaron frustración. Una profunda frustración que me llevó a buscarte desandando mi camino. Para darme cuenta más tarde, por las notificaciones bancarias al celular, que alguien usaba mis tarjetas en compras que ni yo he llegado a realizar.

La delincuencia te quito de mí y me quitó la tranquilidad. No quiero comprar ya libros, no quiero ir a ningún centro comercial, no quiero ni salir, ni estar junto a nadie que me pueda sacar sin darme cuenta algo de mi bolsa. Porque sólo el tipo que fue junto a mí en el autobús pudo haber sido. Porque ahí fue cuando te vi por última vez cartera mía, cuando guardaba el cambio del pago del camión. Ya no quiero hablar más de ti, no tienes culpa, prefiero resolver los problemas que tu desaparición trajo y seguir, únicamente seguir.

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