Negro y amargo (cuento)

Por: Alejandra Inclán

 

Ya no es  lo mismo venir al café sino apareces de sorpresa tú. Si tu tierna y pícara sonrisa me falta en esos momentos tan espontáneos, en que aparecías como emanación divina.

Mi taza de café luce vacía, y en el fondo de esta quiero verte, como en esa ocasión que te hiciste presente a espaldas mías, y vi tu carita reflejada en el esmalte de esa pieza tan sencilla, que cobró vida ante la figura de tu faz sorpresiva.

Es triste estar escribiendo estas líneas, tratando de tener esperanzas de verte atravesar la puerta de este recinto, y que mis palabras no se detengan  ante tu presencia mirando con malicia mi mano deslizándose por el papel, con esa curiosidad y ansias de saber la historia que nace de mi ser.

No. No estás. Aún no llegas. Y te espero. Sé que no es como antes. Ya no estamos tan cerca. Nuestras coincidencias se alejan y no puedo evitar el llanto… No debería hacerlo… llorar… si  sé que te tengo. Que la distancia no es eterna. Que nos vemos de vez en cuando. Que el amor flota entre tú y yo, aun cuando no ocupemos los mismos espacios.

Me amas. Te amo. Pero mi humanidad me traiciona y me comen las emociones que me impulsan a buscarte.  Aunque las cosas no están como antes, pues he podido controlar mi apego hacia ti. He aprendido que debo mantenerme feliz, aunque no te tenga siempre aquí. Porque sé que existes y que volveré a verte.

Mas hoy es mi día de nostalgia. Por favor, déjame llorar. No me pidas que retenga el llanto. Hoy quiero extrañarte más de lo normal. Quiero mirar a la puerta. Quiero encontrarte en el fondo de mi taza. Quiero sentirte  interrumpiéndome. Quiero tu curiosidad y tu abrazo. Quiero me arrebates el cuaderno y leas estas líneas, que de una esperanza fallida nacieron. Te quiero.

Limpio mis lágrimas y hago una pausa. Apuro mi café y me detengo. No quiero llegar al fondo. No si en ese fondo no te he de encontrar.

La bebida luce tenue por la crema vertida en ella. Sin embargo, su esencia es negra como la oscuridad que siento  afuera y adentro, a pesar de ser un día que sólo luce lluvioso y gris. El sol debe estar en su punto más alto y no lo veo, ni lo veré en este día si no me ilumina tu sonrisa.

El café que tomo está atenuado y a la vez es negro y amargo, aun cuando mucha azúcar en él haya derramado.

Término de escribir y no llegas. Cerraré mi libreta. La esperanza terminó. No llegaste sorpresivamente. Mañana será otro día y espero por fin, volver a verte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s