Aunque nadie los valore y el olvido no los perdone (Jon Snow)

Por: Alejandra Inclán

Jon Snow, un bastardo, crecido en una familia donde su madrastra lo aborrecía, donde una de sus hermanas lo trataba con desprecio, con una hermana que lo idolatraba y con hermanos varones que lo apreciaban. Aun con ello, Jon Snow no se sentía parte de la familia. Siempre estuvo fuera.

Su padre lo amaba y lo protegió más de lo que él mismo sabía. Guardo un secreto que por años lo mantuvo a salvo de ser matado. Borró su verdadero nombre para que no fuera nadie y no representara un peligro para el rey. Un acto de amor que a él le hizo sentirse incompleto toda su vida.

Ante esto optó por refugiarse en El Muro, dónde una guarda juramentada resguarda el reino de los salvajes y de unos seres sobrenaturales llamados Los Caminantes Blancos. El lugar que pensó sería su refugio y donde podría dejar todo atrás, se convierte al principio en un espacio donde desprecian sus habilidades, su valor y su entusiasmo. Lo que para él representaba el único honor que podía ostentar, resultó ser nido de ladrones, asesinos y exiliados por sus pecados, una especie de cárcel en la que cumples la condena de ser un soldado. Además, uno de los comandantes lo trata mal y denigra, frustra sus aspiraciones de ser un explorador.

Jon Snow, el bastardo, el que al hacerse un guardia del Muro renuncia a tener esposa, termina sin quererlo infiltrado entre los salvajes, se enamora y experimenta una pasión carnal, para luego renunciar a ella cuando su deber como Guardia de la Noche se interpone. Ella muere en una batalla contra la Guardia de la Noche, batalla que él tuvo que encabezar al final.

Cuando por fin empieza a ver un poco de gloria y se convierte en el Lord Comandar gracias a su valor demostrado en batalla y su lealtad a sus amigos, una difícil decisión de salvar a los salvajes de Los Caminantes Blancos, hace que sus hermanos juramentados lo maten.

Es traído a la vida por una sacerdotisa roja. Despierta de la oscuridad y se da cuenta que debe castigar a los que lo traicionaron y con ese acto renuncia a su guardia, pues un guardia juramentado termina su deber con la muerte y él ya murió.

Su hermana, la que lo despreciaba, aparece y le pide pelear por su antiguo hogar, entre dudas acepta, y junto con los salvajes y ayuda que su hermana consigue recuperan Invernalia. Es declarado El Rey en el Norte, a pesar de ser un bastardo.

Pero lo bueno en la vida de Jon Snow siempre va a acompañado de algo más. El Rey de la Noche se acerca, Los Caminantes Blancos se acercan.

Busca apoyo externo, logra convencer a la Reina Dragón, se enamora de ella, le jura lealtad y dobla su rodilla a ella, dejando así de ser Rey en el Norte, donde repudian su decisión, cosa que él dice no importarle, porque lo primero es salvar a la gente.

El que parece ser una especie de príncipe prometido poco a poco se vislumbra otra vez como nadie. Se entera de su origen, sabe que es hijo legítimo, que tiene un nombre y un apellido, que su madre era hermana del que creía su padre. Todos esos años sufriendo por sentirse nadie, por esa falta de sentido de pertenencia, y al final no vale nada. Creció sin ello y ya no le importa. Su nuevo amor resulta ser su tía. Los valores que le inculcaron ya no le permiten seguir con ella. Pero cree que será una buena reina.

Todo está mal. Aquella en la que creyó mata inocentes, y no sólo eso, mata la fe que Jon tenía en ella.

Jon Snow, ese joven hecho hombre, que por años parecía cargar sobre sus hombros las injusticias del mundo, termina matando a su reina, a la mujer que amaba, la que lo decepcionó, en la que depositó toda su fe. Su amor se ve opacado ante su sentido se sacrificar todo por el bien de los demás: «¿Qué importo yo? ¿Qué importa Jon Snow ante los demás?». Pensamientos jamás expresados de su boca, sino por sus acciones.

La piedad de la muerte no le llega y cumple la condena de volver al Muro, a vivir toda su vida ahí.

¿Es justo? Ese niño, que por derecho era heredero de un trono, viviendo engañado toda su vida y teniendo apenas unas gotas de gloria y felicidad en todos sus años, ¿es justo que termine así?

Esta no es solo la historia de Jon Snow, sino de muchos, que durante toda su vida tratan de tener un nombre, luchan, son traicionados, cargan con el mundo en sus hombros, se les niega su lugar, se les juzga por sus acciones en pro del bien común, que mueren y vuelven a la carga para terminar con un destino incierto, donde quizás sigan siendo nadie, cabalgando a un lugar mejor, sonriendo a pesar de ese panorama tan incierto.

Yo les llamo héroes, aunque nadie los valore y el olvido no los perdone.

 

 

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