Reseña #Libro El Buñuel, homoerotismo…

Las proyecciones cinematográficas nacieron para ser vistas, para contarnos historias, para ofrecernos entretenimiento. Pero la sala de cine fue tomando otros usos, en los que la oscuridad se prestó para que las parejas pudieran entregarse no sólo a besos, sino a caricias que podían llegar a ser intensas, al grado que la película quedaba en segundo plano. Claro, aun hoy pasa esto, sea o no la película erótica o pornográfica.

Con la llegada de la modernidad y de las nuevas salas de cine a modo de multicinemas, muchos cines tradicionales de Veracruz fueron despareciendo o modificándose, no sólo de su tipo de películas familiares, también de su público. Este es el caso del cine Buñuel.

El Buñuel, homoerotismo y cuerpos abyectos en la oscuridad de un cine porno de Veracruz, nos muestra desde un punto de vista antropológico, realizado por medio de la observación, entrevistas e investigaciones bibliográficas, los tipos de encuentros homosexuales que se daban en este lugar.

El lector ajeno a lo que es la sexualidad homosexual puede tener algún tipo de complejo para acercarse a esta lectura o quizás lo quiera hacer por el morbo que produce lo desconocido, y es que este libro es todo un descubrimiento para entender los mecanismos de acercamientos eróticos que se daban de manera clandestina, en cines que pasaron a ser exclusivos de proyecciones porno.

Y aunque como ya mencioné, el morbo puede ser una de las motivaciones para abrir las páginas de este trabajo, su lectura nos enriquece para tener un mejor panorama de un grupo social, que tuvo que ganar en su momento estos espacios para poder vivir su sexualidad en un margen donde les era permitido, aunque no por ello exentos de ciertos códigos de conducta para la socialización y el acercamiento erótico.

El alma del libro son los pequeños relatos que se van insertando en medio de las explicaciones teóricas y antropológicas, y que nos desvelan situaciones, sentires, formas de conducirse por el cine y narraciones explicitas de los encuentros homoeroticos.

El lenguaje académico contrasta con el de las entrevistas y relatos, de los cuales no se esconde su jerga, sus expresiones o las palabras altisonantes, dándonos la sensación de autenticidad y de estar escuchando a la persona. Sobre el punto del lenguaje, al final del libro se maneja un glosario de términos que son muy recurrentes entre la población LGBTT, y que también se explica durante el desarrollo del libro. Así nos encontramos palabras como Cotorreo, la cual dentro de contextos como el del cine Buñuel, significa un encuentro homoerotico.

Este tipo de libros no van dirigidos a una comunidad en específico, son lecturas necesarias para todos y comprender así qué hay más allá de los esquemas en que vivimos. Nuestras normas y conceptos sociales no siempre son aplicados a todos, en muchos casos marginan y excluyen de ciertos ámbitos, esto por comportamientos que reprobamos y enjuiciamos por no ser propios de nuestros entornos. Pero todo tiene un por qué y en cuanto a la comunidad y sus códigos sociales que se daban en el cine Buñuel, los encontramos en este trabajo de Rosío Córdova Plaza y de Jesús Pretelín, quien acudió al cine para el trabajo de campo y poder entablar contacto y ganar la confianza de los asistentes y hacer su trabajo.

La confianza en este tipo de incursiones a círculos tan cerrados, es algo que se construye poco a poco y que en ciertos casos puede llevar mucho tiempo penetrar. Por suerte, Jesús lo consiguió y pudo obtener algo más que observaciones.

Un trabajo enteramente teórico no tendría ese sabor y disfrute que da la lectura. Porque así es, este libro es un disfrute, aun para aquellos que no están acostumbrados a lecturas de tipo académico. En varias de las declaraciones uno no puede evitar una sonrisa ante el modo de expresión, que aunque denota alegría, entre líneas también se lee esa marginación que han combatido de modo sexual, para reafirmar su sentir.

Los hombres descritos aquí, y de los cuales se ha protegido bien sus identidades, van desde el que está aún en el closet, al aceptado, el que busca sacar sus impulsos reprimidos, el que experimenta, el que va en solitario a masturbarse, el que acude con su esposa o novia, el que se traviste, los llamados chacales, los mayates, los feladores y los felados. Médicos, contadores, estudiantes, volovaneros, marinos, extranjeros, casados, solteros, ricos o pobres. No había distinción social en el cine Buñuel, ahí, todos eran iguales, buscaban algo, lo que llamaban el cóctel, el ligar, el cotorrear.

Los humanos tenemos muchas necesidades, entre ellas el sexo y aunque no tiene la prioridad como lo es comer, el placer del cuerpo es para muchos algo de lo que no pueden prescindir. El Buñuel, homoerotismo y cuerpos abyectos en la oscuridad de un cine porno de Veracruz, no tiene como motivo juzgar, ni exponer para ello, sino mostrar cómo se desarrollaba una manifestación social, tan válida mientras no transgrediera las barreras del espacio donde estaban. No es un intento de proclamar una libertad sexual, sino de hacernos ver cómo este grupo de personas que acudían al cine vivían su sexualidad y la cual siguen y seguirán viviendo en los espacios que ganen.

A pesar de vivir tiempos más abiertos, los que estamos fuera de esos mundos seguimos desconociendo como viven ciertas comunidades sociales, no sólo las LGBTT. El conocimiento no tiene sexo, así que nadie sienta vulnerada su sexualidad al ser sorprendido leyendo este libro.

 

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