Acerca del capítulo 7 de Rayuela, de Julio Cortázar

El capítulo 7 de Rayuela puede ser considerado como “el extracto emblema” de la novela, por el cual muchos se ven atraídos para encontrarse con una historia que va más allá de una situación amorosa o una historia rosa, donde el amor de una pareja entra en conflicto para luego salir airosa demostrando que “el amor todo lo puede”. Es por eso que al contrario de lo que muchos piensan (principalmente quien no ha iniciado la novela), el capítulo 7 es apenas un porcentaje de todo lo suscitado, aunque ello no quita la intensidad de lo que ahí se describe entre los protagonistas: Oliveira y la Maga.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca. La primera frase es contundente para transportarnos a un juego amoroso, una exploración del otro, que provoca, atrae, excita. Una descripción íntima de un ritual amoroso entre personas que sienten algo más que deseo. Un discurso poético, en prosa, que se desarrolla de manera libre, sin reglas de versificación, sin emular un soneto, ni nada similar, demostrando un desboque de emociones, como lo es el acto descrito, en el que las acciones fluyen sin una regla, pero con una armonía que nos va conduciendo a ese temblor y fusión simultáneos.

Oliveira describe percepciones tan suyas, y las transfiere la Maga, imaginando que sus lenguas son peces en un correr que los desborda. Dos personas tan distintas: Oliveira, un hombre con pretensiones intelectuales, buscándose, huyendo de la normalidad, sin darse cuenta que esa normalidad de la que huye la busca para complementarse, equilibrarse, encontrándola, sin saberlo, en la Maga. Ella, pretende entender a Oliveira y lo que dicen sus amigos del “Club de la Serpiente”, sin darse cuenta que no es la mente de Oliveira la que debe alcanzar, sino esa parte que le muestra en la intimidad, en esos besos, en ese encuentro en el que él dibuja su boca con un dedo, donde el corazón se desnudó a las emociones. A veces las mentes atormentadas en la búsqueda intelectual necesitan encontrar ese descanso del mundo con el encuentro de una boca, que lo conecte a sus instintos básicos y a esa necesidad de otro cuerpo cerca y fusión mutua, en el que se nublan los pensamientos y, las sensaciones son lo único que importa en ese instante, para el mundo, su mundo.

El capítulo es poético, un texto que puede vivir por sí sólo, que se puede leer sin sentir que falta algo, pues es conclusivo, sin embargo, insertado en la novela se vuelve una pieza clave para entender a esa extraña pareja que se ama, se anhelan y se hacen daño al no tener conciencia de la importancia de ese punto en el cual convergen, en el que no importa que la Maga sea una chica “normal” que no entiende de la filosofía del mundo, ni importan las resoluciones de pensamiento a las que Oliveira accede; siempre, en la intimidad, dos personas que se atraen y se quieren sabrán sintetizar su realidad a una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, sintiendo como tiemblan sus cuerpos como una luna en el agua.

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