La noción de género en la literatura (ensayo)

Por: Verónika Alejandra Inclán Cazarín

La noción de género es muy ambigua. El término tiene varias acepciones, pero de manera general denomina a seres o un conjunto de cosas que tienen características similares. En lo que atañe a la literatura, se refiere a las distintas categorías en las que se pueden ordenar las obras, dependiendo de sus particularidades, estructuras y contenidos.

Me gusta pensar que no existen los géneros en la literatura, sin embargo, son un mal necesario. Las clasificaciones ayudan al lector a orientarse, a saber a qué se va a enfrentar. Muchas veces los títulos no nos dicen mucho del contenido, o de acuerdo con nuestro bagaje cultural los interpretamos de una u otra forma.

¿Qué quiero leer y qué quiero fomentar como promotora de lectura? Los lectores de narrativa la mayoría de las veces no quieren o no les gusta leer poesía. A las personas les agrada que les cuenten historias, que les narren. Entre las muchas formas de la poesía está la narrativa, como El flautista de Hamelín. Siempre creí que era un cuento, y cuando me topé con él en un libro vi que es un poema, y el producto que vi antes de esa lectura fue un capítulo de “TeleVi Cuentos en la televisión”. No me era posible saber que estaba ante un poema. El género se diluyó al ser adaptado a otro medio. Incluso, si lo hubiera escuchado en voz alta, mi primer pensamiento hubiera sido que era una narración, a pesar de percibir el ritmo, la rima y demás características del poema. También hay narrativa que suena poética al leerla, aun con ello se considera narración.

Sobre la base de lo expuesto podemos hablar de que las fronteras entre un género u otro no siempre son tan perceptibles, y con ello nos apoyamos para decir que quizás los géneros no existen. Sólo que esto no es algo concluyente.

El ejercicio de escribir un sueño en estado puro, de forma descriptiva, ayuda a determinar esas fronteras y las posibilidades que existen para convertir una misma idea al género dramático, lírico o narrativo. Si se intenta conservar la idea tendremos tres derivaciones de una misma historia. Al leerlas quizás descubramos las diferencias, o no. Pero partimos del mismo sueño. ¿Acaso esa idea detrás sea lo que enlaza a los géneros? No lo creo, al menos no es lo único, también tenemos la palabra; es el uso diferenciado (de estructuras) lo que hace apreciar la recreación de un sueño como parte de un género u otro.

Como dije de manera anterior, los géneros son un mal necesario que nos permiten poder leer lo que nos agrada y usarlo para transmitir. En mi caso, para escribir, prefiero el cuento y el relato, géneros narrativos donde la limitación en extensión de uno no me conflictúa, porque puedo recurrir a la estructura del relato, el cual no tiene la extensión delimitada. No escribiría teatro porque leo muy poco teatro y he asistido a muy contadas obras de teatro. Me es muy ajeno y sólo me he interesado por obras clásicas. El teatro (especulando) tiene su público lector, que es el director de teatro, los actores, los estudiantes de teatro, los que gustan de admirar una obra representada y a quien le agrada leer el género dramático. Y si hablamos de un público, es cuando vemos más justificada la diferenciación de un género a otro.

¿Cuál es el público de la poesía? ¿Los poetas, los enamorados, los que gustan de versos? Con la poesía es más difícil definir un público, aquí se nota más el conflicto para determinar a quién va dirigido este género, sin embargo lo enumerado en el teatro también es limitado, porque el acercamiento a un género u otro, no siempre va de acuerdo con lo que acostumbramos a leer o escribir. Definir es limitar y si limitamos privamos a los lectores de acercarlos a nuevas formas de lectura. Por ello es indispensable saber de géneros y de sus hibridaciones, para que como promotores conozcamos el punto medio para ofrecer algo de lo que se puedan enriquecer los lectores o nuevos lectores, y así exploren otras posibilidades de literatura.

¿Por qué narrativa? ¿Por qué teatro? ¿Por qué poesía? Todo depende de lo que queramos obtener. Dramatizar una lectura para un público infantil con gestos y ademanes quizás sea lo mejor para captar su atención. Sólo que para dramatizar no tiene que ser por fuerza una obra de teatro. Puedo narrar Caperucita roja con uso de voces, cambios de posición según el personaje y apoyándome con las imágenes de un libro ilustrado. ¿Y con esto, el cuento se convierte en teatro? Desde mi punto de vista, sí y no. No fue un cuento escrito para ser montado como teatro, no obstante se puede trasladar. Pasa como el sueño en estado puro: la idea persiste, lo que cambia es la manera de presentar la historia. Detrás de Caperucita roja hay literatura, que en primer lugar fue oral, recogida de forma posterior por los hermanos Grimm. Pienso que eso que permanece atrás de cualquier adaptación es lo que provoca que las denominadas fronteras del género se pierdan en muchos casos.

Cada selección, cada obra, cada libro, aún con la etiqueta de poesía, narrativa o teatro, nos ofrece un mundo que explorar para determinar si cae de manera rigurosa en un género, o si tiene hibridaciones. También nos enfrentamos a subgéneros, lo que complica más la determinación. En narrativa podemos tener un cuento, y éste se enmarca en la ciencia ficción, lo cual nos puede hacer pensar que no tiene realidad, sino mundos imaginarios, lo cual no es siempre así, muchas veces la ciencia ficción expone la realidad desde un contexto distópico, ucrónico y utópico, tomando como base la realidad. ¿No sería esto una especie de ensayo ficcionado que tiene como base una realidad? ¿Dónde termina la realidad y donde empieza la ficción?

La resolución del debate acerca de los géneros literarios no es posible, quizás sólo desde la ciencia ficción, adentrándonos en lo utópico. O tal vez no. Lo único palpable para mí, como promotora de lectura, es tener el conocimiento y las nociones que caracterizan lo narrativo, lo dramático y lo lírico, de esta manera tendré una idea más acertada a la hora de elegir una cartografía lectora para un grupo de lectores o de nuevos lectores. Y aún con ello, a veces, tenemos que realizar cambios, porque no siempre entre grupos similares recibirán de la misma forma un género u otro.

Lo fundamental para mí es lo que permanece detrás del género, la idea, la historia, el concepto, la literatura; eso es lo que me alimenta, proceda del género que proceda.

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