El libro en la era digital

Para los puristas, leer en digital es un crimen, un intento de darle muerte al libro. Y no exagero. En conversaciones con muchos lectores he escuchado esas palabras. No estoy aquí para defender un formato, ni promoverlo, sino dar a conocer lo que es el libro en la era digital, y cuando hablo de libro, no me refiero al objeto físico formado por un conjunto de hojas con letras impresas. Lo que hace transcendental al libro es lo que contiene, lo que nos cuenta.

Eduardo Galeano dice que los científicos afirman que estamos hechos de átomos, pero que un pajarito le reveló que en realidad estamos hechos de historias. Eso es lo que nos gusta: las historias. No importa la presentación en que vengan, nos agrada que nos cuenten algo. Ya sea el boca a boca, con los chismes de la vecindad, o en las horas Godínez en la oficina; o por medio de la tecnología moderna, como lo son las películas, ya sea en la televisión, en la computadora, el celular o en el cine. El formato puede variar, mas no lo que se cuenta, porque ya está hecho y sólo se ha adaptado. En todo caso, cambia la experiencia en cómo se ve la historia. Algo así pasa con el libro digital, el soporte con el cual se lee es otro, sin embargo, la historia sigue siendo la misma.

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Lo raro es que pocos son los que se quejan por ver una película de un medio al otro, a lo mucho, los que son en realidad cinéfilos, lamentan no haber visto ciertas películas en pantalla gigante, pues hay detalles que se pierden en los medios caseros, desde el audio hasta la profundidad de la imagen, además de los distractores con los que nos topamos, como los ruidos del vecino o los ladridos del perro.

¿Por qué con el libro sí hay esa queja si se tiene que leer en digital? La historia no cambia, sigue siendo la misma; esto si no tomamos en cuenta la traducción, no es lo mismo leer a Allan Poe en la traducción de Julio Cortázar, a la anterior a él, la de Blanco Belmonte.

Claro, entiendo el “romanticismo” que desprende el libro impreso, el palparlo, olerlo, tenerlo en las manos, con la sensación de que es una realidad sólida y no hetera como lo es un archivo digital que leemos en una Tablet, celular, dispositivo de lectura o en la computadora. Además, que nuestros ojos no perdonan la exposición prolongada al brillo de una pantalla, el cual, aun reduciéndose, sigue siendo agresivo a diferencia del papel. Para ello es que se han inventado dispositivos diseñados sólo para la lectura, entre los más famosos tenemos el Kindle de Amazon y el Kobo, los cuales tienen pantallas sin brillo que asemejan al papel, utilizando la tecnología de tinta electrónica. Estos usan formatos de lectura llamados eBook, o libro electrónico, el cual no tiene nada que ver con los tan conocidos PDFs, que en realidad son archivos de documentos.

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Explicar la diferencia entre un PDF y un eBook llevaría a una exposición que implicaría más tiempo del que tenemos para este conversatorio, así que de manera resumida les puedo contar que las principales bondades de los libros electrónicos son: un índice que te remite al capítulo al que deseas ir con un sólo clic, poder subrayar párrafos, ajustar el tamaño texto a cualquier pantalla, cambiar el tipo de letra; el precio es menor al valor del libro impreso, siendo el ahorro del 50 % o mayor; y por último, y no menos significativo, cuidamos el ambiente, pues para producir un libro debemos matar varios árboles. Sí, dije matar.

De acuerdo con una nota de The Guardian, publicada en el 2007, cuando Harry Potter, “Las Reliquias de la Muerte” se publicó, para la impresión de este libro, cuyo peso ronda el kilo y calculando unas 13 000 mil copias, se ocuparon cerca de 110 000 árboles (de 10 metros de alto y 30 cm de grueso). Nos quejamos en redes sociales de que se queman los árboles en el Amazonas, no obstante, nadie dice nada de los árboles talados para tener libros impresos.

A pesar de ello, seguimos consumiendo libros impresos. Nos gustan y muchos lo seguiremos haciendo. Yo lo hago, aunque tengo un dispositivo Kindle y compro libros digitales de vez en cuando para ahorrarme algunos pesos, o porque hay libros que no nos llegan a México, y si lo hacen, vienen con precio de importación. Tal es el caso de “El estado natural de las cosas”, de Alejandro Morellón, ganador del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez; y “La hija del comunista”, de Aroa Moreno, novela ganadora del premio El Ojo Crítico de Narrativa 2017. Cada libro me salió en 65 pesos, mientras su versión impresa me salía en más de 300 pesos, esto por la conversión de euros a pesos, los libros se publicaron en España; aparte, hay que sumar el envío, que al tener que pasar por aduanas internacionales, se encarece, al grado de que los costos son similares al valor del libro. Y oh sorpresa, las historias que leí son las mismas que contienen sus versiones en papel, que por cierto, el domingo pasado vi a Aroa Moreno en Córdoba, Veracruz, donde nos conocimos hace unos años y le compré el libro en versión impresa, pues una desventaja del libro digital, es que no puede ser firmado.

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¿Hacia dónde va el libro, no como objeto, sino como vehículo de historias o conocimientos contenidos? Les puedo decir con toda seguridad que el libro impreso seguirá existiendo, sólo que disminuirá su venta, ya ha disminuido, y no por la existencia del libro electrónico, sino porque la gente lee menos. El teatro se vio “en peligro de desaparecer” cuando nació el cine, y aún existe. La radio se vio “en peligro de desaparecer” ante la aparición del televisor y sigue viviendo, aunque se ha adecuado para poder transmitir en otro soporte, como es la internet.

Las librerías para sobrevivir tienen que ser más que un punto de venta, mutar en espacios culturales en los que interesados en la lectura podamos reunirnos, muchas librerías ya operan bajo ese esquema. Las librerías virtuales irán proliferando cada vez más, puesto que las nuevas generaciones apuestan por la comodidad de encargar todo a domicilio por medio de internet. Puedo especular también que varias librerías físicas quizás se reduzcan a pequeños locales donde se exhiban pocos ejemplares impresos y en los que accedamos a catálogos virtuales para solicitar que nos impriman tal o cual libro.

La impresión bajo demanda es un sistema nuevo que se ha consolidado, aunque no lo veamos. Los libros ya no se imprimen en tirajes de 3000 o 4000 ejemplares por edición, al menos no por las editoriales pequeñas e independientes, las cuales aún no son tragadas por alguno de los dos grandes grupos editoriales: Planeta y Random House. La impresión por medio de Offset denota una gran inversión que sólo puede ser costeada cuando se especula que el libro tendrá ventas superiores a los 2000 ejemplares, lo cual supone apenas la recuperación de los costos.

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Las impresoras utilizadas en la modalidad de impresión bajo demanda, son industriales, funcionan como la impresora que tenemos en casa, la diferencia estriba en que estas están preparadas para imprimir un gran volumen de hojas y en tiempos cortos. Únicamente se imprime lo que la editorial cree que puede vender. Los tirajes suelen ir de los 100 a los 500 ejemplares, que son una cantidad segura de vender y sin riesgo de pérdidas por poca venta, que no siempre tiene que ver con que el libro sea bueno o malo, sino por la distribución, y por la falta de exposición en las mesas de novedades de una librería.

Si esta tendencia de cortos tirajes continua, los pequeños locales de librerías tendrán un servicio propio de impresión bajo demanda, comprando los derechos para poder imprimir. Uno como usuario podrá ingresar al catálogo digital, escoger el libro que deseamos y mandarlo a hacer en el momento y esperar a que esté conformado y empastado mientras nos tomamos un café. Sí, en una hora puede estar impreso un libro. Este tipo de librerías, aunque no están abiertas al público directo, de manera virtual las encontramos, como Amazon, a quien puedes pedirle tu ejemplar favorito impreso y te lo hace llegar en un par de semanas, y no porque demore tanto en imprimir, sino que por motivos de logística los tiempos de impresión y envío se prolongan. O sea, es un proceso lento, el cual con los años se irá simplificando en la medida que crezca la demanda y se creen maquinas más rápidas, exactas y que no necesiten más de una persona para ser operadas.

La pieza que me faltaba, novela escrita por una servidora está impresa por este método. Para las presentaciones que he hecho de ella sólo he solicitado a Amazon tirajes pequeños de 25 ejemplares. Mi inversión es pequeña y segura de poder manejar para su venta directa al público. También si alguien quiere adquirir la novela en España o Estados Unidos, la puede solicitarla a Amazon, quien al recibir la comprobación de compra la manda a imprimir y la remite a la dirección que solicitó el usuario.

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En últimos días hemos notado una tendencia de las generaciones actuales a querer reparar el daño que se hace al planeta. He visto ecologistas quejarse de un popote, del unicel y de otros desechos sintéticos, esto mientras se fuman un cigarro. Incongruente, ¿verdad? No menciono esto para juzgarlos, sino para hacer hincapié que también hay acciones que realizar para combatir la deforestación. Y no tiene que ser dejar de leer, en cambio, seguir leyendo, adaptándonos y compaginando nuestros hábitos de lectura con lo que nos ofrece la tecnología.

Así como existe Netflix, se tiene lo que muchos llaman el Netflix de los libros: Bookmate, una plataforma de pago mensual con la que podemos acceder a cientos de libros para leer en el celular. Cuando viajo en el camión suelo ser la loca que a diferencia de los demás, va con un libro impreso en mano; a veces es con mi Kindle, esto mientras los otros se van actualizando en el celular con las fakenews, con el meme del momento o viendo cuántos likes lleva su foto en Instagram. Sueño un día con que todos los que van por las mañanas al trabajo, vayan conectados a Bookmate o Kindleunlimited (el cual es un servicio similar).

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Ahora, tenemos que abrirle un pequeño espacio a los audiolibros. Sí, escuchar una historia también es leer. Aunque el proceso mental sea diferente. Jorge Luis Borges se quedó ciego por completo a sus 55 años, previo a ello fue débil visual, así que gran parte de su vida no pudo leer por medio de sus ojos. Él pedía que le leyeran, él leía a través de quienes hacían el favor de leerle. ¿Alguien puede decir entonces que escuchar un audiolibro no es lectura?

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Las historias nacieron siendo orales, se contaban sin escritura. El soporte del libro, aunque es un invento muy antiguo, tuvo su previo en la oralidad, así que acceder a un audiolibro es remontarnos, en esta modernidad, a la manera más antigua de contar algo: por medio de la voz.

El audiolibro no es un invento del siglo XXI. Escritores como Julio Cortázar grabaron muchas de sus historias en acetatos o discos de vinilo. Entre estos tenemos: Cortázar lee a Cortázar, grabado en 1966; Voz de América Latina, 1968; Cortázar por él mismo, un libro sonoro, 1970; y Casa de las Américas, en 1978. Gracias a estas grabaciones es que su voz es tan recordada.

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Las cartas sobre la mesa: el audiolibro nunca ha tenido éxito. Pocas obras son grabadas en este formato debido a sus bajas ventas y a los costos que representa pagar un estudio de grabación. Aunque hay géneros literarios que tienen un alto impacto en la oralidad y que el vehículo del audiolibro puede ser el mejor: me refiero a la poesía. No hay nada mejor que disfrutar un poema en voz de alguien. En redes sociales como YouTube y Spotify encontramos muchas muestras. Por ejemplo, en YouTube encontré el canal de un español admirador de Bukowski, y a pesar de que el acento español no es por completo de mi agrado, declama de tal manera que se siente la esencia Bukowskiana. Esto es una forma de lectura y yo leo mucha poesía de esta manera: escuchando.

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Para quien esté interesado en esta forma de leer, les recomiendo entrar al sitio descargacultura.unam.mx, donde encontraremos audiolibros para ser escuchados en línea o descargarlos. En especial les sugiero la poesía indígena, por estar en dos idiomas, en su lengua originaria, y claro, en la lengua franca de México, el español.

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Por mucho que no nos guste lo que pueda pasar con el libro, les puedo asegurar que sobrevivirán las historias y los conocimientos, que seguirán contándose de diversas maneras.

 Esta charla no la puedo finalizar con conclusiones contundentes, puesto que especulé, lo que sí puedo decirles, es que los que estamos aquí es porque nos gusta leer, nos gusta imaginar. La imaginación, ella es la constante no mencionada en mi participación y que ha estado presente como la protagonista. Leo en impreso: imagino una historia. Leo en digital: imagino una historia. Escucho un audio libro: imagino una historia. Ningún soporte nos dará imaginación, esa ya la traemos, así que no importa cómo lean, disfruten sus historias e imaginen, imaginen mucho. Gracias.

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Un apunte final:

Se considera a Michael Stern Hart (Tacoma, 8 de marzo de 1947 – Urbana, Illinois, 6 de septiembre de 2011) inventor del libro digital. Él fue un escritor, empresario y filántropo estadounidense conocido como el fundador del Proyecto Gutenberg, que convierte libros de dominio público en archivos de texto electrónicos que se pueden exhibir sobre prácticamente cualquier ordenador. Los textos se pueden descargar gratuitamente desde cualquier servidor del Proyecto Gutenberg en distintos formatos de archivo. Muchos de los libros iniciales del proyecto fueron transcritos por el propio Hart.

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