Taller: Hechos de historias

“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”, Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.

Esta frase resume perfectamente el gusto que todos tenemos por las historias. Desde pequeños no falta que queramos que nuestros padres nos cuenten algún cuento, nos expliquen procesos que nuestra mente infantil no entiende, como lo es de dónde vienen los bebés. Si me preguntan a mí por alguna extraña razón me decían que los traía el avión, entonces, cuando en el pueblo donde crecí escuchaba un avión, corría a gritarle: «Avión, tráeme un hermanito». Entonces yo me imaginaba al avión aterrizando fuera de mi casa y el piloto bajando con una bebé en brazos para entregárnoslos. Extraño, ¿verdad?

Conforme crecemos vemos caricaturas, programas de tv, vemos videos en YouTube u otras plataformas, como Netflix y en ellas siempre hay algo en común, nos cuentan historias. Nos gusta consumir historias, nos gusta que nos fabriquen mentiras.

Y es que lo que aquí cito nos proyecta ficciones, que es el nombre correcto a estas mentiras. Que no se confunda ficción con “Ciencia ficción”, la palabra ficción por sí sola se define según la Real Academia de la Lengua como:

  1. f. Acción y efecto de fingir.
  2. f. Invención, cosa fingida.
  3. f. Clase de obras literarias o cinematográficas, generalmente narrativas, que tratan de sucesos y personajes imaginarios. Obra, libro de ficción.

Estas historias visuales, como lo son las series parten de lo que podemos llamar el esqueleto, los huesos de la producción: el guion. Un guion es la construcción que narra los diálogos de los actores, los sentimientos a imprimir en el personaje y las características con que tienen que expresarse. Así que por mucho que algunos no les guste leer, consumimos historias que primeramente nacieron sobre el papel.

La diferencia entre una historia escrita y una historia visual es que esta última ya está imaginada, esquematizada, ambientada e interpretada por el director, por el director de arte y por el director de fotografía.

¿Cuál es mejor? Ambas son válidas, lo que no es tan bueno es quedarnos sólo con esta forma de narrar historias. Una buena novela bien escrita es capaz de despertar nuestra imaginación y transportarnos a un mundo donde lo vamos viendo a nuestra manera. Para los que leen, no sé si les pase como a mí, que cuando leo la descripción de un personaje me lo termino imaginando como yo quiera, muy independiente de la descripción del autor. Me gusta usar la imaginación y ver en mi cabeza los escenarios y situaciones a mi modo. Por eso prefiero las historias narradas en libros, por eso decidí ser escritora y narrar diferentes situaciones.

Aprender a escribir bien no debe ser algo privativo de los escritores. Desde la primaria vamos aprendiendo a leer y a escribir y por alguna razón llegamos muchos a la universidad sin saber el buen uso del lenguaje. Quizás se deba a nuestro sistema educativo o a malos maestros, que espero no tengan de esos en esta escuela.

Subestimamos mucho las palabras y sus usos. No sabemos cómo expresar nuestras ideas y darnos entender. Yo estudié ciencias de la comunicación y una de las primeras cosas que aprendemos y que también se debe ver en el área de humanidades del bachillerato, es el modelo básico de la comunicación:

Emisor===>Mensaje===>Receptor

Los problemas de comunicación casi siempre parten del emisor, de quien construye el mensaje. Si no codificamos un buen mensaje, el receptor no lo entenderá de forma correcta. Cuando en redes sociales, o por whats app mandamos un mensaje y no nos entienden, no siempre es porque el otro sea un idiota, sino porque nosotros somos quienes no supimos darnos a entender. Al respecto, recuerdo que un viejo borracho y maestro de teatro una vez me dijo: «No digas “me entienden”, porque no estás hablando con un idiota, lo correcto y educado, es decir: “me doy a entender”, porque el que explica eres tú y si el otro no te entiende es porque tu explicaste mal». Es increíble cómo hasta una persona ebria tiene algo que enseñarte.

Por eso es importante saber contar bien una historia. Aunque no vayamos a ser escritores o guionistas. Contar nuestras anécdotas, darnos a entender, hablar de algo que nos apasiona o comentar con alguien más las impresiones de una película, serie o libro, requiere que sepamos contar. Nos gustan las historias y nos gusta que estén bien narradas.

Ahora, tenemos que reflexionar sobre cómo contar las historias, sobre el método. Este variará dependiendo la intensión que tengamos, de acuerdo a lo que queramos provocar.

A mí como escritora me gusta usar lo que los escritores llamamos “cuento con trampa”, con el que provoco unas sensaciones para mostrarte algo muy distinto. Les pondré por ejemplo uno de mis microcuentos, con el cual vamos a debatir un poco para hacer un ejercicio similar

 

Donde te necesitaba

Empecé a acariciarte desde tu cabeza. Tu textura se sentía extraña. Fui bajando de a poco hasta llegar a tu parte baja. Acaricié con ansiedad tu punta. Me excitaba pensar lo que saldría de ti. Mis dedos se estaban manchando. Algo excitante llegó mi cabeza y te llevé a mi boca. Mi lengua te acarició y te dirigí a donde te necesitaba… en mi cuaderno, para que tu grafito lo acariciara y escribiera la primera palabra.

 

(Explico el cómo no se incurrió en el engaño, sino que se explotaron las características del objeto con las acciones de la escritora, para hacer aparecer que se narraba algo erótico).

(Se procede a proponer que escriban un ejercicio similar, un párrafo de 5 líneas, para luego leer algunos trabajos y comentarlos).

 

WhatsApp Image 2019-06-11 at 1.48.21 PM

***

Otro ejercicio para usar la imaginación y aprender a narrar es crear una historia a partir de una fotografía, como la siguiente:

59642b1770540bf5967efa6b3864939f

Este ejercicio lo hice hace tiempo con un grupo de amigos y salieron historias muy buenas, la mía es muy breve:

Demasiada vida 

¿Qué hago aquí? ¿Para qué entré a este viejo y asqueroso café? Ya no soporto a estos tres. Son un estorbo para mi propósito.

Esta tipa coqueteándome. Es insoportable. Es una prostituta, sí, eso es. ¡La odio! Odio a personas como ella ¿No tiene algo decente que hacer? ¡Estúpida! Le gusté, sé que le gusté. Si le hiciera caso de seguro se entregaría a mí de a gratis. Así son las de su clase. Ven a alguien bien parecido y no dudan mucho. Siempre les tocan tipos mugrientos, yo debo ser lo mejor que ha visto en meses. Sé que no me cobrará, pero la odio ¡La odio!

¡Odio a todos! Sobre todo a este mesero tan alegre ¿Cómo puede mostrarse así? ¿Cómo puede ser tan feliz siendo servil? Su paga debe ser una miseria, apenas le alcanzará para comer ¡y es feliz! Su calzado está sucio, de seguro llega y se va caminando a su pocilga. Ni una bicicleta tiene, lo puedo asegurar. Con todo ello, cómo se ha atrevido a verme entrar y decir tan eufóricamente: «Hey amigo, ¿qué deseas?, estoy para servirte y ofrecerte una sonrisa». Debería odiarme por tener dinero para mi café y mi comida, por mis lujosas ropas, por mi anillo de oro, por mi porte refinado y bien cuidado ¡Debe odiarme! ¿Por qué no me odia?

Ahora este tipo junto a mí, silbando y escribiendo quién sabe qué cursilería. Lo sé por el título que pude leer de reojo, “Para ti que me quieres” ¿Cómo puede alguien quererlo si es tan feo? Nunca antes había visto a semejante engendro vomitado del infierno. Nadie podría quererlo. Menos darle amor por lástima. Sin embargo, está escribiendo una carta para alguien que según lo quiere ¡Debe estar loco! Sí, está loco. Es un pobre imbécil que no sabe lo que hace. También a él lo odio ¡Los odio a todos!

¿Qué hago aquí? ¡Maldita sea! No vale la pena estar en este viejo y asqueroso café. Quise entrar para planear mi suicidio, y me topo con estos.  ¡Los odio! ¡Me odio! Me han quitado mi poco entusiasmo por la muerte.

Furioso me levanto y les grito: «¡Pinches trastornados de la alegría! ¡Me voy! Aquí hay demasiada vida, no me dejan pensar en la muerte».

 

(Se hacen historias de máximo una cuartilla y se leen algunos de los trabajos y se comentan).

WhatsApp Image 2019-06-11 at 1.48.19 PM(1)

***

Hablemos del binomio fantástico. Y no, no tiene nada que ver con las matemáticas, aunque la definición del diccionario diga esto sobre la palabra binomio:

  1. m. Mat. Expresión compuesta de dos términos algebraicos unidos por los signos más o menos.

Como su nombre lo dice cuenta de dos elementos que vamos a enlazar. Lo fantástico entra en que los dos términos que vamos a utilizar no van a tener una relación directa uno con el otro. Por ejemplo:

Río y Azotea

¿Qué tienen que ver un río y una azotea? Al parecer nada. Es aquí donde interviene lo fantástico, con lo que vamos a unir los dos elementos y así crear una historia, que con creatividad puede ser de un corte realista, o podemos imaginar más y que lo que los una sea lo fantástico. No por fantástico quiere decir que sea más fácil contar la historia, porque hay que contar de tal manera que tenga una coherencia, porque si hacemos como ciertas series donde resuelven situaciones con cosas incoherentes o sacadas de la manga, nos causa una decepción, porque no tiene consistencia.

Ahora, les leo un ejemplo breve creado con estas dos palabras:

Cubrir hasta las azoteas de sus casas 

Hace muchos años, cuando los españoles llegaron a Veracruz y se quedaron a vivir aquí, mezclándose con los pobladores indígenas, crearon la vieja iglesia del Cristo. Frente a esta corría el río Tenoya. Por alguna extraña razón el río parecía estorbarles a los pobladores en la medida que fueron haciéndose más y más. Así que ese río lo entubaron. O sea, lo encerraron, le pusieron concreto y cubrieron. Sin luz del sol, se murió toda su vida en él.

Con el tiempo se volvió parte de la red de tubos de drenaje. Lo que antes fue un agua cristalina donde los nativos pescaban, desapareció y cayó en el olvido. Ya nadie sabe de su existencia.

Pero la naturaleza es brava y tarde o temprano toma venganza. Así fue que se desató una tormenta en octubre del 2018. El río se despertó y avivó con la lluvia, el cual llenó todas las calles del centro de Veracruz. El Tenoya recordó quien era. Resurgió sobre el concreto, contrariado sin saber qué rumbo tomar para ir al mar, decidió crecer y crecer, ir tan arriba como le fuera permitido, cubrir más allá de las cinturas de los hombres, cubrir hasta las azoteas de sus casas.

Ante su desconocimiento de la modernidad creyó que los coches eran viviendas, así que se llevó a muchos, incluso alguno que otro camión.

La gente desesperada nadaba buscando salvarse. En vuelto en rencor buscó ahogarles. Lo intentó con una mujer que angustiada buscaba a una niña. «Ya agua, déjame encontrar a mi niña, déjame nadar, si sigo aquí atrapada se morirá». Esas palabras conmovieron al río. Él sabía lo que era estar atrapado y como por ello murieron todos sus peces. «No puedo ser tan cruel como lo fueron conmigo. Ellos no supieron ver mi corazón. Yo sí veo el de ellos. Voy a buscar a esa niña y la voy a salvar», se dijo el río así mismo.

El río movió sus aguas. La niña que se estaba ahogando dentro de él emergió y controlando su corriente la fue acercando a uno de los coches que aún no habían sido cubiertos. «Ahí en la azotea de esa casa estarás a salvo niña, voy a arrastrar a tu mamá para que esté contigo». La niña tocía mientras el río la ponía a salvo. Buscó a la mamá que también se estaba ahogando y la sacó a pesar de su gordura. La llevó con la niña y fue calmando sus aguas.

La lluvia, intrigada, le preguntó que por qué estaba dejando de lado la oportunidad que le daba para resurgir y reclamar lo que le arrebataron. «Gracias amiga, yo no puedo imitar la crueldad de ellos. Sé que por años has buscado acular la suficiente agua para dejarme salir de nuevo, pero no puedo hacerlo así, no matando como hicieron ellos conmigo».

«No seas tonto, con mi poder tus aguas pueden llegar a tocar hasta la azotea de su torre más alta, aquella que tienen junto al mar. Anda, cúbrelos, se lo merecen», le dijo su antigua amiga.

«No, amiga, por hoy, los perdono. Espero que algún día se den cuenta del error que cometieron y me desentuben, para ser libre sin violencia, sin tener que matarles».

La lluvia no dijo nada y aceptó lo que su amigo le decía, desapareciendo poco a poco. El río dejó de recibir ese alimento y fue regresando a las tuberías del drenaje, aunque sus aguas se llevaron un regalo, las lágrimas de agradecimiento de la madre que abrazaba a su hija, en lo que el río creyó era una azotea.

Por la mañana las calles lucían secas, y todos seguían sin recordar que por ciudad, pasó alguna vez el río Tenoya.

 

(Se hace el ejercicio, un chico dice un concepto y una chica otro y se realiza el ejercicio, de media cuartilla. Se da lectura a algunos trabajos).

***

Conclusión

 

Todos contamos historias, pero no todos las contamos profesionalmente, o mejor dicho, no todos queremos dedicarnos a ello, no por eso podemos escaparnos de ellas. Como expuse al inicio, todo con lo que nos entretenemos parte de algo que se quiere contar. Estos ejercicios nos han ayudado a estimular la imaginación y ver lo divertido que es crear o leer historias, y es natural, pues estamos hechos de ellas. Gracias.

 

Biografía

  • Leo, luego escribo, Mónica Lavín
  • Gramatica de la fantasía, Gianni Rodari
  • Manual del buen promotor de lectura, Felipe Garrido