Vida normal (cuento)

Por: Alejandra Inclán

 

A veces quisiera una vida normal. Un pan en la mañana al despertar, café y sonreír ante un frescor matinal que acaricie mi cara al abrir la ventana. Levantarme sin la prisa asesina de apurarme para ir a ganar el sustento del día a día.

Sí. Quisiera una vida normal, donde mi mirada se perdiera al mirarte ahí acostado sin el mínimo deseo de levantarte, mientras acaricio tu rostro y me decido por fin a hacerte el desayuno. Sería hermoso ver la hora y con resignación tener que levantarte para que fueras al trabajo. Escuchar tu refunfuñar y tenerte la ropa lista, planchada, sin asomo de arrugas.

Desayunar juntos, tú con el estrés de las labores que aún no has empezado a realizar y yo tratando de hacer que mi cariño te de consuelo, que el pensar en mí te de algo de luz y desees regresar enseguida.

El beso  acostumbrado en la puerta. El adiós y mi regreso a nuestro santuario. Limpiarlo todo, poner orden al caos que nuestros mutuos desordenes causan y preparar la comida para medio día. Dura tarea. Mas es parte de una vida normal, la vida de la que carezco, pues no te tengo.

Sólo es una fantasía, un trocito de vida, una cotidianidad linda y penetrante en mi alma. Felicidad. Siento felicidad cuando la sueño, cuando me pierdo de las presiones laborales y voy allá, lejos…

Tan feminista como me dirían muchos y tan simple en el desear. Suspiro y no me explico cómo puedo pensar en ello, cuando tengo todo: independencia, un trabajo, una casa, algo que comer cada día, soledad para estudiar mis libros, espacio para meditar.

No, no soy normal, y quisiera una vida normal. Pero, ¿qué es normal? ¡Vaya, que soy tonta! Me complico por no tener lo simple, lo que parece una vida mediocre, sin sucesos emocionantes…

Pero yo no he vivido nada de eso y esa vida está tan lejos, tan lejos como tu recuerdo, porque ni eres un recuerdo, eres un fantasma que me provocó una alucinación que llegué a anhelar como una realidad. Y te perdí… te perdí sin ni siquiera tenerte, pues nunca estuviste aquí,  sólo un beso que fue una mentira y una promesa de amor en el aire perdida.

Provocador de sueños, quebrantador de voluntad para seguir con mi vida compleja. No te odio, cómo podría hacerlo si no existes, o tal vez sí. Ya no sé…

Quiero tomar el teléfono, marcarte y escucharte. Casi lo he hecho, sin embargo,  en esos momentos el teléfono siempre suena antes y una orden de mi jefe me regresa a la complejidad de mi existencia.

Creo que realmente no sé lo que quiero. Únicamente sé que ya es noche y quisiera estar acostada sintiendo tus brazos. Tus cálidos y ficticios brazos.

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