El país de las altas (cuento)

Yo vengo del país de las altas, ahí sólo vivimos mujeres altas, todas medimos de un metro setenta centímetros en adelante. Ninguna es chaparrita, bueno, las que miden más de dos metros nos ven chaparritas a las que no llegamos a un metro noventa centímetros. Increíble, ¿verdad? Pero para nosotras no es así, pues todas somos altas.

Nuestro país no se llama “El país de las altas”, así le llaman los viajeros que alguna vez cruzaron por ahí, porque nuestro país es una isla llamada Altum. Cuando vean a una mujer muy alta es porque, o proviene de allá, o porque desciende de una mujer de nuestra isla.

La primera vez que un marino llegó allá, las mujeres lo golpearon, porque pensaron que era un enemigo, de ahí viene el dicho “Altotas aunque me peguen”, pues el pobre náufrago se enamoró de una de esas mujeres altas y se casó con ella. Tuvieron muchas hijas, porque las mujeres altas puras sólo pueden tener hijas. Con el tiempo llegaron otros marinos que no eran náufragos como el primero, sino que atracaron con su gran bote a las orillas de la isla. Al principio creyeron que éramos sirenas, sólo que no cantábamos, ni teníamos cola de pez, así que dejaron de tenernos miedo, hasta que se nos acercaron y los golpeamos. No nos gustan los extraños. Pero las hijas del primer marino decidieron irse con ellos y conocer las tierras que les contaba su padre a manera de cuentos antes de dormir. De esa forma salieron las primeras altas al mundo.

Siempre que vean a una mujer alta sabrán que, o viene de allá, o que quizá su mamá, su abuelita, su bisabuela o una tatarabuela, proviene de la isla Altum.

Yo vengo de allá, me colé hace años en un barco que pasó por ahí. Cuando me vine a dar cuenta el barco estaba en Veracruz. No le pegué nunca a nadie, porque no me quería casar, así que sigo soltera. He preferido visitar lugares y contar historias, como esta. Aunque nadie me cree que existe mi país. Así que mi tierra está protegida, porque ni los marinos se atreven a revelar su ubicación. Tal vez por miedo a que les volvamos a pegar o por temor a que no queramos casarnos con ellos. Así que soy una leyenda, quizás ni existo, pero véanme, ¿acaso no soy muy alta?

Fin

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