Querida y húmeda novia (prosa poética)

Por: Alejandra Inclán

 

Me llega tu murmullo. La luz amarilla de la farola de la calle se complementa con el azul de ese cielo que deja de ser noche.

Podría oírte por horas, contemplarte, correr afuera a abrazarte, y sonrío dándome otra vez vuelta en mi cama.

Sigues tocando a mi ventana. Me agradas. No puedo dejarte ir. Me gusta tu insistencia. Ahora estoy en mi sala, preguntándome si abro la puerta.

No hay ruidos, ni estruendos, ni el sonido de los vecinos corriendo a la escuela o trabajo. Nadie se levanta. Sólo estás tú con tu canto.

Corro la cortina. No me observas, no puedes hacerlo, sigues en lo tuyo. Busco al tacto las llaves en la semioscuridad, en algún lugar del mueble deben haber caído.

Tardé en hallarlas, abro la puerta y casi te has ido. Salgo a la calle desnuda, abandono mi refugio, te alcanzo y dejo que me recorras con descaro. Tu goteo en mi cuerpo me va provocando un orgasmo.

Alguien pasa con un impermeable amarillo. Una señora con paraguas y unos niños. Un taxi con pasajeros. Hay movimiento. Me gritan «Loca». Debo estarlo, pues ya no estás y sigo con los brazos estirados en cruz, gozando de los minutos en que me mojaste toda.

Camino a casa, preparo café. Hoy no hay trabajo. Pienso en ti y te pido con el alma que regreses otro rato con tu murmullo, aunque ya no salga para contigo empaparme, para que me recorras toda, querida y húmeda novia, querida y húmeda lluvia.

 

DESNUDA BAJO LA LLUVIA

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